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Tener un bebé prematuro: proceso de los padres.


“Siempre hay que seguir nadando”


El embarazo y la llegada de tu bebé al mundo debería ser siempre un motivo de plenitud y felicidad. Había fantaseado un montón de veces con mi barriga de embarazada en el último trimestre, ya había decidido el hospital y sí a la epidural. Me imaginaba en la habitación con mi hija recién nacida y mi familia y amigos con muchos regalos de nacimiento. Habría sido precioso; también lo ha sido, al fin y al cabo.


En el segundo trimestre de embarazo detectaron que algo no iba bien porque el feto no crecía como debía. Tenía un retraso del crecimiento intrauterino; es decir, no le llegaba suficiente alimento porque la placenta no se había formado bien. El diagnóstico además fue de severo y precoz. Finalmente mi hija nació a la semana 28 + 2 días de embarazo y pesó casi 600 gramos; 600g de vida. Estuvo 83 días ingresada en la unidad de cuidados intensivos de neonatología. 


Quién ha pasado por esta situación sabrá las primeras emociones, cuando te das cuenta de la realidad: impotencia, culpabilidad, miedo, tristeza, ansiedad, incapacidad, desmoronamiento. Y aunque estás sobrepasado tienes que estar a primera fila para luchar con tu bebé/s conjuntamente. 


Las  unidades de neonatología impresionan por su tecnología que es positivo para el cuidado de tu bebé, pero sin embargo, lo vives como agresivo e invasivo: los bebés tienen cables por todas partes, los ordenadores controlan las constantes  y emiten pitidos cada vez que hay alguna anomalía. Al principio te genera mucha ansiedad y mucha consciencia médica pero después te vas acostumbrando y aprendes de su utilidad. Suerte hay de los equipos médicos y sobre todo del equipo de enfermería.
 Llega un momento que te has acostumbrado al entorno médico y vas recuperando parte de tu serenidad y el control de tus emociones. El tema de las emociones es complicado porque se te escapan de tu dominio; las lágrimas emergen sin pedir permiso y sin tener tiempo de controlarlas. Recuerdo que el primer día que vi a mi hija dentro de la incubadora solo lloraba, no pude emitir ni una sola palabra. A partir del segundo día empecé el método canguro y fue lo más especial que he sentido en mi vida. Tener a tu bebé de 600g piel con piel contra tu pecho es la sensación más maravillosa que he vivido. 


Gracias, gracias y gracias al método canguro porque permite tener contacto con tu bebé a diario aunque no puedas llevártelo a casa. Ya han pasado 15 meses des de su nacimiento y no dejo de asombrarme por la capacidad de luchar de estos pequeños. Mi hija me ha dado la lección más importante de mi vida. “Siempre hay que seguir nadando”.